Un pase de magia. Cuando ya Barranquilla la adoptó como una artista local, aún amateur, conoció a un ejecutivo de Sony Colombia que sin mucho convencimiento le dio su primera oportunidad. Tenía 14 años y ya trasladada a Bogotá llegó a “Magia”, su primer álbum que le dio un pequeño trampolín. Eran canciones propias entre las que se destacaban el nombre del disco, “Tus gafas oscuras”, dedicada a su padre en ocasión de la pérdida de su medio hermano (ella era hija única de esta pareja), pero 1993 fue un año que ya la plasmó en artista cuando alcanzó un tercer puesto en el duro festival de la Canción de Viña del Mar. Allí llevó la interpretación de “Eres”. Igual el segundo lanzamiento discográfico “Peligro” no generó ni la venta ni la expectativa popular por lo que la cantante tomó un receso hasta 1996.
Sobre el ’98 llegaron “Ciega, sordomuda”, “Inevitable” y “Ojos así”. Con eso ya no había nada qué hacer. El comienzo del 2000 la puso en los portales noticiosos, sobre todo argentinos con el promocionado noviazgo con Antonio de la Rúa, justo en el inicio de la peor crisis nacional de los últimos años. Shakira pudo encontrar aún espacios para catapultarse con la conformación con otros artistas de la afamada Fundación Alas y su consagratoria presencia en los escenarios, ya un perfil que no se apartaría nunca más de sus éxitos. Llegaron luego múltiples reconocimientos de MTV y los Grammy, como también el lanzamiento de sus discos como “Servicio de Lavandería” que es bilingüe y con fusiones musicales de funk y rock que la dejaron bien parada en su innovación musical y su redescubrimiento como artista. Llegar a grabar la canción de un Mundial (Sudáfrica 2010) y ser presentada en el circuito norteamericano como “una artista más” le valieron de un registro inquebrantable. Los discos respuestas en todos los continentes y su “globalización” como cantante le devolvieron en sí una imagen que ha trascendido a su rol de artista pura latina. Es mucho más que eso y lo ha sabido capitalizar con creces.




























